MI PRIMERA TRIATLÓN || Dando con Bola


Desde que vi algunos videos sobre lo difícil, emocionante y enriquecedor de hacer un IRONMAN, se me metió a la cabeza emprender un proyecto a mediano plazo de entrenar lo necesario para convertirme en uno de ellos. La verdad no me trasnocha el hecho de ganarlo, como no me ha desvelado ganar ninguna de las carreras en las que he participado. Mi alegría radica en proponerme retos difíciles y superarlos. Solo basta con cruzar la meta cada vez en menos tiempo y vivir más experiencias bonitas para compartirlas con quienes siguen mi trabajo y que eso les sirva de alguna manera como un pequeño empujón hacia la realización sus metas deportivas.

Ya rondaba en mi cabeza entrenar triatlón cuando Vanessa Castillo, una amiga del equipo, al terminar una carrera de atletismo me invitó a practicar este deporte con el Club Albatros de Palmira, pero como ya era fin de año y el club se iba de vacaciones, debía tomar la decisión de arrancar en enero de este año. Evidentemente acepté el reto, pero vaya sorpresa y las coincidencias son graciosas, el entrenador del club Giovanni Granobles, es un compañero en el colegio donde laboro (ambos llegábamos recién a la institución por eso la poca información que teníamos uno del otro), él en el área de educación física y yo en el área de matemáticas. Por consiguiente y después de recibir las indicaciones iniciales, comencé a familiarizarme con los trabajos para analizar mi presente con miras al futuro.

Empezamos las primeras semanas dedicados al atletismo, hasta que habilitaran el servicio de la piscina, y yo entrenando ciclismo por mi cuenta debido a los tiempos limitados del trabajo. Hasta ese momento me sentía cómodo, lo difícil apareció al integrar la natación, pues me di cuenta que aún me falta mucho, que mi técnica dista bastante de la adecuada, tanto que me demoro el doble del tiempo promedio. Pero lo rico de empezar los entrenos de natación, fue ver el primer día de piscina a mi hijo con la pantaloneta, gorro y gafas comenzando a escribir sus experiencias en este maravilloso deporte. De eso, aún me siento orgulloso porque no hay emoción más grande que tratar de superar tus límites dando ejemplo a la persona que Dios puso en tu camino para tal misión.

Así pasaron los meses mejorando tiempos, puliendo la técnica, intermitente en los entrenamientos, pero siempre consiente del trabajo que se debe realizar y aún acompañado por mi hijo, aquel que se emociona más por el fútbol, pero que se va a dar una oportunidad de hacer triatlón este año.

Después de ver en cada reunión posterior a las competencias la emoción de mis compañeros, creí que ya era el momento de comenzar a figurar en las estadísticas oficiales, sentir esa adrenalina que ya había experimentado en otras ocasiones con el ciclismo, el atletismo u otras aventuras, por eso nos inscribimos con Alejo (mi hijo) él en acuatlón y yo en la triatlón del Tercer Campeonato Departamental organizado en la ciudad de Palmira el pasado 21 de agosto. Lastimosamente por razones laborales no pude estar en su competencia, que fue un día antes de la mía, pero le di la indicación más importante: - vaya diviértase, a lo que según sentí, hizo caso.

Por mi parte, la ansiedad se apoderó los últimos minutos antes de comenzar, revisando la bici y consintiéndola para que funcione a la perfección, apretando mis gafas para que en la piscina no se vayan a zafar y soltando un poco los cordones de las zapatillas, para que no vaya a tener complicaciones en la transición al atletismo. Poco aflojé (calenté) por mi primiparada y en el sonido ya se oía que mi categoría estaba alistándose, por el pánico solo veía fortachones a mi lado, que “jodita” con mis emociones incontrolables. Pero sonó el silbato y empezamos a nadar, yo regulaba porque no quería quedarme sin energías apenas arrancando, pero sentía como algunos me tomaban ventaja, solo me emocionaba saber que no iba de último, dado que las manos de un nadador rozaban por momentos mis pies, además al voltear en cada extremo de la piscina, lo veía más lejos, eso me motivaba a dar brazadas con más frecuencia hasta tomarle una piscina de ventaja (50 m), claro que al hacer 350 m el sujeto ya se había salido y yo me reía al saber que se había comido 100 m, ahora me hago esta reflexión: - ¿A quién engañas cuando haces trampa? Ojalá no haya sido intencional, sino producto de una desconcentración al contar su distancia. De todas maneras con la sensación de que podía haber nadado más rápido, salí con todo el entusiasmo para dejar mis gafas y el gorro en el parqueadero de las bicis, saliendo con las zapatillas de chocles en la mano pues aún no sé ponérmelas en marcha.

Ya en la bicicleta, empecé a acelerar, pues considero que ese es mi fuerte, poniéndome como meta en cada giro, en cada curva, sobrepasar uno a uno a quienes salieron primero de la piscina, incluso le tomé ventaja de nuevo al que se desapareció de mi vista antes de tiempo en la natación, pero al bajarme de la bici, por la falta de conocimiento, me pasé de la línea de desmonte por lo que el juez me pegó un fuerte grito que me descontroló a tal punto, de enredarme con uno de los chocles para dar un saludo inesperado y fraterno al piso. De los nervios me devolví y me dijeron que siguiera (después me enteré que eso tenía penalización de 10 s), lastimosamente ese impase hizo que no controlara mi respiración en la transición y un fuerte dolor que llaman baso, se apoderó de mí durante gran parte de la carrera atlética, tanto así, que me tocó ver pasar a varios de los que superé en ciclismo, incluso aquel que se comió los 100 m nadando.

Crucé la meta y ver a todos los miembros cercanos de mi familia apoyándome me llenó de emoción, alegría y orgullo, ese fue el mayor regalo. El dolor se fue 200 metros antes de llegar y aunque traté de recuperarme en el remate, no se pudo hacer mucho. Al final un frío masaje con hielo, después de tomarme un jugo, comer frutica y banano sirvieron para recuperarme. Lo más gracioso fue, que aquel que hizo los 100 m menos de piscina me felicitó por la carrera y de la novatada y la alegría no le quise reprochar nada, aunque confieso que si me dio algo de tristeza cuando sentado en mi casa, vi la foto del pódium y junto a mis compañeros, estaba él posando con su medalla de bronce, o sea que me puedo sentir satisfecho por 4 cosas: 
- Vi por primera vez a toda mi familia junta en una de mis experiencias deportivas.
-Mejoré 2 minutos los tiempos del chequeo y mis entrenamientos en natación.
-Gané la medalla de bronce en primera triatlón (aunque no me queda el recuerdo físico). 
-Por último, estoy a solo 4 categorías de ser un IRONMAN.



Wilson H. Martínez L.
@miProfeWilson - Twitter e Instagram

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