Una mágica carrera de trail en La Cocha

Foto: Club Pasto Running
Algo pasa dentro de mí cuando me hablan del departamento de Nariño, pues una sonrisa se dibuja en mi rostro y por la mente corren cientos de recuerdos de las vacaciones vividas de niño y adolescente en esta tierra. Por eso, desde aquella vez cuando fui invitado para hacer la Circunvalar al Galeras en bicicleta y donde afortunadamente en mi primera conferencia con ¡Oh Qué Bola! conocí a Edwin Martínez y Diego Viteri del Club Pasto Running y, estos me contaron su proyecto de hacer una carrera de Trail en los alrededores de La Cocha, no lo pensé dos veces; tenía que correr allí.



Como si fuera un karma previo a grandes hazañas, una fuerte gripa se apoderó de mi cuerpo y no pude emitir siquiera una sola palabra hasta dos días antes de partir. No quise tomar medicamentos fuertes, solo remedios caseros y mucho reposo, porque esta aventura deportiva no me la quería perder. Ya recuperado en un 60%, abordé en la noche del jueves 15 de junio una flota que me llevaría hasta la "Ciudad Sorpresa", y vaya sorpresa la que me llevé al llegar al hotel de Pasto y en la misma habitación estaban Saul Padua, campeón de campeones, un histórico del trail en Colombia y gran representante nuestro en Europa, junto a Hildebrando Machado, campeón de los 100 km en Machupichu Perú y en las grandes carreras de nuestro país. Recordé ese día, mis palabras en el video promocional de La Cocha: "Estarán los mejores atletas del país y yo". 


Foto: Club Pasto Running
Desde la entrega d Kits tanto en el Hotel Morasurco de Pasto como en el Hotel Sindamanoy de La Cocha, me sentí de maravilla; y es que compartir con los atletas élites de muchas regiones colombianas fue enriquecedor, oír sus experiencias expandió mi visión y comprendí porqué ellos obtienen tan grandes resultados en las competencias, el secreto: DISFRUTAN CORRER. 

Mientras presentaba mi libro, me ericé en varias ocasiones y hasta agüé los ojos por instantes, cuando varias personas se acercaban a demostrarme su admiración y cariño por el trabajo que realizamos en la promoción del deporte; con muchos de ellos, nos veíamos por primera vez en vivo. 









Hasta que se llegó la hora de preparar la carrera y, por estar atento a la farándula, descuidé un factor importante: la hidratación y el autoabastecimiento. Pero ya no había tiempo de llorar, eran las 9 de la noche y hacía mucho frío, por lo que alisté equipos y me sumergí en las cobijas a la espera de que fueran las 4:30 de la madrugada; quería captar todos los detalles de quienes correrían 53k.


Foto: Club Pasto Running
Todavía oscuro, veíamos llegar al puerto las primeras lanchas de colorido ancestral y los primeros ultramaratonistas, la expectativa era alta como el frío que se experimentaba y las montañas que debíamos escalar. Me subí a una lancha rápida con Edwin y el UTMB PLT Hugo Gómez de la organización, para captar las reacciones de los atletas previas al disparo inicial. Después del conteo regresivo, encuadré la cámara en movimiento al rostro de los emocionados deportistas, solo bastaron unos 200 metros corriendo a su ritmo, para sentir de inmediato la faltaba de aire y mi corazón más revolucionado de lo normal. En ese momento me di cuenta que sería un tema de cuidado cuando llegara mi turno. Cuando ya estaba volviendo mi cuerpo a la calma, un grito de Hugo nos obligó a correr hacia la lancha de nuevo, pues ya debíamos estar en el puerto para encontrarnos con los corredores de 21k. Y así, con el drone zumbando en el cielo, esos locos con caras de aventureros, se fueron embarcando y saliendo hacia el otro lado de tan misteriosa represa natural para dar inicio a la media maratón por montaña al rededor de La Cocha.
Corredores de 21k embarcados hacia la Vereda Ramos; el kilómetro cero.














Salida de los corredores de 53k.
















Salida de los corredores de 21K.
Y empezó la locura, muchos corredores a toda velocidad tomaron la delantera, algunos dejaban sus zapatillas en el barro y debían volver por ellas, otros volaban por esos senderos, tanto que en la primera curva ya los veía al otro lado de la montaña. Me sentía fantástico, la laguna a mi derecha era el fondo perfecto para hacer tomas diferentes tramo a tramo, fue una carrera rica en imágenes, tanto por las reservas naturales como por la alegría de quienes habitaban el lugar. Los lugareños levantaban la mano y con una sonrisa animaban, incluso al llegar a la vereda El Motilón don Horacio, quien se encontraba con su celular fotografiándonos, me invitó a tomar café para explicarme y promocionar el proyecto turístico de su comunidad. Metros más adelante en el punto de avituallamiento se encontraban unos pobladores señalando la cruz en la punta más alta de la montaña que deberíamos escalar, me decían: "¿Sí ves esos puntitos que se mueven allá?, esos son los primeros corredores", yo la verdad no veía nada, pero me aterraba saber que hasta allá debíamos subir, claro que mientras Danna, una de las chicas de la organización, me ofrecía fruta, maní e hidratación y dejaba inmortalizado el momento en fotos, me expresaba palabras de aliento como: "Usted es un duro, en los videos lo he visto en aventuras más difíciles", esas palabras calaron bien fuerte en mi interior y recordé que ellos como mi familia, son la motivación para superar cualquier reto. Por eso tomé un aire y seguí mi camino junto a una campesina del lugar con quien conversamos un rato, me mostró una capilla que construyeron en honor a la Virgen de Las Lajas y desde la puerta de su casa me deseó éxitos en el ascenso.
Divisando el punto más alto de la carrera.

Sendero vertical.
Tristemente me encontré a Susana que afectada por una lesión debió abandonar la competencia al comenzar el ascenso, una decisión que aunque difícil, considero ahora, fue la mejor, porque si yo hasta ese momento iba sonriente y con buen tiempo (a pesar de tomármela con calma), en los 3.5 km de ascenso siguientes viviría una tortura (lo confieso: para esto soy masoquista). Así, afectado por la altitud, sumado a un conjunto de calambres en varios músculos de mis piernas, debí esperar eternos minutos hasta que ellas respondieran para hacer la fuerza necesaria en cada subida. Debía agarrarme de raíces, poner a prueba mi flexibilidad y reponerme de los calambres cada que me paralizaban, por suerte mi amiga Trini me dio una cápsula de sal que los calmaron un poco, eso me permitió llegar a la cumbre a través de un interminable sendero ecológico con abundante vegetación propia del páramo. Pero los mareos y dolores experimentados pasaban a un segundo plano al contemplar en su totalidad la laguna. Esas fotos tomadas por Coki en a la altura de La Cruz, pagaban todo.
Foto: Mibuc - Sural Colombia
Pero si llegar más cerca de las nubes fue difícil, volver al nivel de la laguna sería una odisea, tan solo eran dos kilómetros, pero nunca en mi poca experiencia descendiendo, había resbalado tantas veces y los calambres insistían en complicarme el desenlace de la aventura. Por eso, mientras hacía efecto la segunda cápsula de sal que me regaló otro corredor, opté por bajar más lento y esperar para aumentar el ritmo en el "terreno plano". 



En el último punto de hidratación y restando ya 5 km para el final, comí la mitad que me sobraba de un emparedado con la intención de correr a un ritmo decente para llegar antes de que lloviera, pues el cielo comenzaba a oscurecer mientras el frío penetraba hasta los huesos, pero estaba agotado y los músculos lo sabían, todo indicaba que era mejor caminar por momentos, al final, lo más importante era cruzar la meta sano. 

Desde una cancha de chaza en Casapamba se veía el pueblo del Encano y quienes jugaban el milenario deporte, me preguntaban atónitos: "¿Verdad vienen desde la Vereda Ramos y subieron a La Cruz?", les parecía increíble (claro que los de 53 k venían de más lejos). El último kilómetro fue agónico, yo quería caminar, pero primero aparecieron los amigos de Pasto Running corriendo un un buen tramo a mi lado, luego cuando iba a parar, unos pobladores gritaban con todas sus fuerzas para que llegara y cuando por fin entré al pueblo, una pronunciada pendiente a lo largo de 300 metros me esperaba antes de la meta, o sea que debí aguantar todo dolor, cansancio y ganas de parar, porque muchos amigos tenían sus ojos en mí; creo que más por pena que por verraquera, crucé el arco del triunfo y de no ser por los abrazo de quienes ahí se encontraban, hubiera tocado el piso en caída libre causado por el mareo que sentí.



Creo que esta competencia tiene mucho potencial y todos los atletas quedaron con una sensación de revancha. Si a usted le gusta el trailrunning, debe hacer esta carrera más de una vez en su vida.

Wilson Martínez
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